Sabores que migran, raíces que sustentan.
La gastronomía también migra con nosotros. Al llegar a Viena, nuestros sabores y tradiciones se transforman, se adaptan a nuevos ingredientes y contextos, pero siguen conectándonos con nuestras raíces. Así, la comida se convierte en memoria, encuentro y una forma de crear nuevas historias lejos de casa.

SABORES QUE MIGRAN, RAÍCES QUE SUSTENTAN.
LA COMIDA TAMBIÉN MIGRA CON NOSOTROS
Como migrante aquí en Viena y siendo nicaragüense una tierra donde la tradición y la cultura no son solo eventos me atrevo a decir que la comida también migra con nosotros, y aunque al llegar aquí es la misma esencia, esta se transforma, se adapta, sobrevive y en ese proceso también se crean nuevas memorias que se van sumando a nuestra mochila de archivos emocionales.
La gastronomía latinoamericana y caribeña que hoy existe en Viena no es exactamente la misma que dejamos en nuestros países. Aunque conserve sabores, nombres y recuerdos, también ha sido perforada por la distancia, por los ingredientes que faltan, por los idiomas nuevos, por el clima, por el tiempo y por las vidas que hemos tenido que reconstruir lejos de casa.
Muchas veces cocinamos desde la memoria. Desde el “así lo hacía mi mamá”, “así huele diciembre”, “así sabe mi barrio”, pero al mismo tiempo terminamos mezclando ingredientes locales, técnicas nuevas o costumbres que aprendimos aquí, a veces por necesidad, otras por curiosidad, y muchas veces porque en el proceso de la migración nos reinventamos.
LA COMIDA, LOS ALIMENTOS SON UN PUNTO DE ENCUENTRO.
La comida es en un espacio de encuentro y en Viena no es la excepción, no solamente entre latinoamericanos y caribeños, sino también con personas austríacas y de otras culturas que se acercan a probar nuestros sabores en ferias y actividades culturales o en las mismas festividades privadas y familiares y en ese intercambio la gastronomía deja de ser únicamente nostalgia para convertirse también en diálogo, adaptación y creación cultural.
He visto cómo recetas tradicionales cambian según quién las prepare, según el país del que viene cada persona migrante o incluso según lo que se puede encontrar en una tienda asiática, turca o balcánica o árabe, Un gallopinto(Comida tradicional nicaragüense echa a base de frijoles y arroz frito que se mezclan tostándolo fuego lento.) hecho en Austria no sabe exactamente igual al de Nicaragua, pero sigue teniendo algo importante: la capacidad de hacernos sentir cerca de nuestras raíces aunque estemos lejos.
TRADICIONES QUE EVOLUCIONAN
También pienso que la cocina al migrar rompe la idea de que las tradiciones son completamente fijas. Las culturas siempre se han movido, mezclado y transformado. Nosotros, como personas migrantes, también formamos parte de ese proceso histórico. Por eso creo que la comida latinoamericana y caribeña en Viena no solamente conserva memoria; también cuenta nuevas historias. Historias de adaptación, resistencia, creatividad y comunidad. Porque muchas veces, alrededor de una mesa, es donde volvemos a encontrarnos con quienes fuimos y con quienes estamos aprendiendo a ser.
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